miércoles, 16 de noviembre de 2016

CUANDO HABLAR DE DIOS RESULTA PELIGROSO


A modo de testimonio y como complemento del post anterior, transcribo un breve texto de Tatiana Góricheva, una joven intelectual rusa conversa al cristianismo y expulsada de su país en 1980. El contraste entre el cristianismo ortodoxo que abrazó en su patria, envuelto de sufrimiento y vivido en la clandestinidad, y cierto cristianismo decadente y burgués que le toca conocer por motivo de su emigración a Europa, le causa confusión y dolor. El día 20 de agosto de 1980, recién llegada a Viena, apunta en su diario:

«He visto por televisión la primera emisión religiosa en toda mi vida. Doy gracias a Dios de que entre nosotros haya ateísmo y no exista “formación religiosa”. Lo que hacía aquel hombre en la pantalla era capaz de hacer salir de la Iglesia a muchas más personas que la torpe palabrería de nuestros ateos pagados. Impecablemente vestido, aquel predicador satisfecho de sí mismo tenía que hablar de la caridad. Pero la forma en que se presentaba excluía por sí sola cualquier posibilidad de predicación. Hasta hubiera impedido una simple conversación con otra persona. Era un actor aburrido, malo, que actuaba con gestos mecánicos y estudiados. Era un actor  sin rostro. Por primera vez comprendí cuán peligroso es hablar de Dios. Cada palabra tiene que ser una palabra de sacrificio, rebosante de autenticidad hasta los bordes. De lo contrario es preferible callar» (Tatiana Góricheva, Hablar de Dios resulta peligroso. Mis experiencias en Rusia y en Occidente. Herder 1987, p. 125).

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