lunes, 22 de mayo de 2017

LA MISA TRADICIONAL ES COMO UN LEÓN: DESENCADÉNENLA Y VERÁN LO QUE HACE


En entrevista a un importante diario católico de Polonia, Mons. Atanasio Schneider, obispo auxiliar de Karaganda (Kazajstán), desenmascara la incoherencia pastoral de quienes se oponen obstinadamente a la difusión de la misa tradicional.

«El rito tradicional de la Misa es una proclamación del Evangelio muy artística y poderosa, que realiza la obra de nuestra salvación. Cuando clérigos y obispos obstruyen o restringen la celebración de la Misa tradicional, no obedecen lo que el Espíritu Santo dice a la Iglesia, y actúan de manera muy anti-pastoral. Se comportan como propietarios del tesoro de la liturgia, que no les pertenece, porque son solo administradores. Al denegar la celebración de la Misa tradicional o cuando la obstruyen o discriminan, ellos se comportan como un administrador infiel y caprichoso que -contra las instrucciones del padre de familia- mantiene la despensa bajo llave, o como una malvada madrastra que da a los niños una escasa ración. Tal vez estos clérigos sientan miedo del gran poder de verdad que irradia la celebración de la Misa tradicional. Uno puede comparar la Misa tradicional con un león: dejadlo libre, y él sabrá defenderse».

Ver también: adelantelafe y unavocesevilla

sábado, 13 de mayo de 2017

«LA VICTORIA, SI LLEGA, LLEGARÁ POR MARÍA»

Foto Rorate Caeli

Recojo un significativo texto del papa San Juan Pablo II sobre su convencimiento de que la victoria de la Iglesia es inseparable del triunfo de María.

«¡No tengáis medio!», decía Cristo a los apóstoles (Lc 24, 36) y a las mujeres (Mt 28, 10) después de la resurrección. En los textos evangélicos no consta que la Señora haya sido destinataria de esta recomendación; fuerte en su fe, Ella «no tuvo miedo». El modo en que María participa en la victoria de Cristo yo lo he conocido sobre todo por la experiencia de mi nación. De la boca del cardenal Wyszn'ski sabía también que su predecesor, el cardenal August Hlond, al morir, pronunció estas significativas palabras: «La victoria, si llega, llegará por medio de María». Durante mi ministerio pastoral en Polonia, fui testigo del modo en que aquellas palabras se iban realizando.
Mientras entraba en los problemas de la Iglesia universal, al ser elegido Papa, llevaba en mí una convicción semejante: que también en esta dimensión universal, la victoria, si llega, será alcanzada por María. Cristo vencerá por medio de ella, porque Él quiere que las victorias de la Iglesia en el mundo contemporáneo y en el mundo futuro estén unidas a ella.

(Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la Esperanza, Ed. Plaza & Janes, Barcelona 1994, p. 215)

viernes, 12 de mayo de 2017

FÁTIMA, ESPERANZA DE LA IGLESIA Y DEL MUNDO

«Eia ergo, advocata nostra, 
illos tuos misericordes oculos ad nos converte»

«Ea, pues, Señora, abogada nuestra, 
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos»

miércoles, 10 de mayo de 2017

MEJOR PROCLAMAR QUE DIALOGAR


En un mensaje del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso leo lo siguiente: «Jesucristo y Buda promovieron la no violencia y fueron constructores de paz». Si alguien cree, no digo que este sea el caso, que para un fructífero diálogo interreligioso es necesario camuflar la persona divina de Cristo, el Verbo hecho carne por la salvación del mundo –Buda incluido– con los ropajes de un humanismo pacifista, que no se asombre si tarde o temprano comprueba que ha perdido miserablemente el tiempo. En asuntos de esta índole, prefiero adherirme al sentir de Gómez Dávila: «Detesto al que predica la verdad que salva suplicando que la salven» (Escolios, Tomo II, p. 330). 

Texto completo del mensaje: press.vatican.va2017 

sábado, 6 de mayo de 2017

LA GRANDEZA DEL SILENCIO

El Cardenal Sarah reza en silencio 
ante los restos mortales de Mons. Javier Echevarría.
Foto Revista Mundo Cristiano 
Enero 2017 

«E
l silencio no es una ausencia; al contrario: se trata de la manifestación de una presencia, la presencia más intensa que existe. El descrédito que la sociedad moderna atribuye al silencio es el síntoma de una enfermedad grave e inquietante. En esta vida lo verdaderamente importante ocurre en silencio. La sangre corre por nuestras venas sin hacer ruido, y solo en el silencio somos capaces de escuchar los latidos del corazón» (Cardenal Robert Sarah, La fuerza del silencio, Ed. Palabra, Madrid 2017, p. 30. El destacado es nuestro).

miércoles, 3 de mayo de 2017

ELENA Y SU PASIÓN POR LA CRUZ

D
espués de la victoria reportada por Constantino merced a la Cruz que vio en el cielo con la leyenda por este signo vencerás, su madre santa Elena marchó a Jerusalén para buscar allí la verdadera Cruz del Señor. A principios del siglo II el emperador Adriano había cubierto el Calvario y el Santo Sepulcro bajo una capa de escombros y en aquel mismo lugar había mandado erigir una estatua de Júpiter y un templo de Venus. Pero Elena hizo derribar ambos monumentos, y cavando en el suelo, se descubrieron los santos Clavos y el glorioso trofeo de donde brota «nuestra salvación, vida y resurrección» (Introito de la misa, Gal 6, 14). La vera Cruz se reconoció al contacto con una difunta, que al instante resucitó.
Elena dividió en tres trozos del precioso leño, que «fue digno de cargar con el Rey del cielo» (Aleluya de la misa), figurado ya en la cruz en la cual Moisés levantara la serpiente de bronce (Evangelio de la misa). Uno de aquellos trozos se llevó a Roma, a la iglesia que por este motivo se llamó de la Santa Cruz de Jerusalén; el otro a Constantinopla y el tercero se quedó en Jerusalén. Habiendo sido esta última reliquia robada por los persas, y recobrada luego por Heraclio, este emperador la devolvió solemnemente a Jerusalén el 3 de mayo de 628. Entraba en la ciudad el emperador bizantino cargado de oro y pedrería, cuando de pronto sintióse detenido por una fuerza irresistible. Dejó entonces Heraclio sus ricos vestidos y así pudo seguir con la Cruz (Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, 14 de Sept.)

(Tomado de una reseña del misal diario de Dom Gaspar Lefebvre [1947] para la fiesta de la invención de la Santa Cruz, 3 de mayo. Tras la reforma de la liturgia romana por Juan XXIII en 1960, con el motu proprio Rubricarum instructum, esta fiesta perdió importancia en el calendario romano y luego se suprimió.)

domingo, 30 de abril de 2017

PERLAS DE LA FORMA EXTRAORDINARIA. LA OFRENDA DEL PAN


Sin duda el ofertorio del misal de San Pío V posee una riqueza espiritual y teológica muy superior al ofertorio del misal del Beato Pablo VI. He aquí la oración de ofrecimiento del pan en una y otra forma:

R
 ecibe, oh Padre Santo,
omnipotente y eterno Dios,
esta hostia inmaculada,
que yo, indigno siervo tuyo,
ofrezco a Ti, mi Dios vivo y verdadero,
por mis innumerables pecados, ofensas y negligencias;
y por todos los presentes;
y también por todos los fieles cristianos, vivos y difuntos;
a fin de que a mí y a ellos nos aproveche para la salvación en la vida eterna. Amén. (Forma extraordinaria)

B
 endito seas, Señor, Dios del Universo,
por este pan, 
fruto de la tierra y del trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; 
el será para nosotros pan de vida. (Forma ordinaria)

Con la primera oración cabe esperar en el sacerdote oficiante una verdadera conmoción interior: sentimientos de profunda humildad, de seria responsabilidad ante la acción que se dispone a realizar, de auténtico mediador entre Dios y su pueblo, de sagrado estupor por tener que ceder a Cristo su persona, sus manos, su voz, su voluntad, para hacer presente el Santo Sacrificio del Calvario. La gloria de Dios y la salvación de las almas empapan esta oración de principio a fin.
La segunda oración, sin desconocer su hermosa significación, no tiene la fuerza arrebatodora de la primera. Envuelta en cierta vaguedad, bien podría servir como plegaria de bendición de cualquier mesa familiar. 

viernes, 28 de abril de 2017

SED DE DIOS

«Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum,
ita desiderat anima mea ad te, Deus.
Sitivit anima mea ad Deum fortem, vivum;
Quando veniam, et apparebo ante faciem Dei?»


«Como el ciervo desea las fuentes de las aguas,
así te anhela mi alma, ¡oh Dios mío!
Mi alma está sedienta del Dios, del Dio vivo:
¿Cuándo iré y veré la faz de Dios»?
(Ps 41, 2-3)

martes, 25 de abril de 2017

HACIA LA TIERRA PROMETIDA


«Q
uien reforma un rito hiere a un dios», escribió Nicolás Gómez Dávila (Escolios, Tomo II, p. 286). Y tengo para mí que la reforma apresurada y desprolija del rito romano ha herido el corazón de Jesucristo. Como sucedió antaño con el pueblo de Israel, hemos sido castigados a vagar por más de medio siglo a través de un desierto litúrgico abrasador. En el pontificado de Benedicto XVI pudimos vislumbrar la tierra prometida y gustar de sus sabrosos frutos. No hagas caso, Señor, de los que ahora reclaman volver a la esclavitud egipcia.

sábado, 22 de abril de 2017

LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE

Pedro Pablo Rubens, Cristo resucitado, ca. 1615-1616. 
Florencia, Galería Palatina, Palacio Pitti. 
Foto Claudio Giusti, Studio Garosi.

En su comentario al Símbolo de los Apóstoles, Santo Tomás de Aquino nos ofrece cuatro razones sobre la utilidad de la fe y de la esperanza en el misterio de la resurrección de la carne; resurrección que Cristo nos ha hecho posible con su triunfante, gloriosa y personal resurrección del sepulcro.
 
«P
rimero, para sobreponernos a la tristeza que nos produce la muerte de los nuestros. Es imposible que uno no sienta la muerte de un ser querido; pero si esperamos su resurrección, se mitiga considerablemente el dolor. Hermanos no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos, para que no os entristezcáis como los hombres sin esperanza (I Thes 4, 12).

Segundo, porque libran del  miedo de la muerte. Si el hombre no espera otra vida mejor después de su fallecimiento, la muerte sería sin duda muy de temer, y se justificaría cualquier cosa con tal de no morir. Pero como creemos que existe esa vida mejor, a la que llegaremos después de la muerte, está claro que nadie debe temerla ni cometer maldad alguna por evitarla. Para aniquilar por medio de su muerte al que detentaba el señorío de la muerte, es decir, al diablo, y libertar a cuantos, por miedo a la muerte, estaban de por vida sometidos a la esclavitud (Heb 2, 14-15).

Tercero, porque nos vuelven alertados y afanosos para obrar bien. Si no contase el hombre con más vida que la actual, tampoco tendría mayor afán por obrar virtuosamente; hiciese lo que hiciese, quedaría insatisfecho, puesto que sus deseos solo tendrían como objeto un bien limitado a un cierto tiempo. Pero como creemos que por lo que hacemos aquí recibiremos bienes eternos en la resurrección, esta fe nos impulsa a practicar el bien. Si solo para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más desgraciados de todos los hombres (I Cor 15, 19).

Cuarto, porque nos retraen del mal. Del mismo modo que es un estímulo para obrar bien la esperanza del premio, retrae del mal el miedo al castigo que creemos estar reservado a los malos. Y marcharán los que hayan hecho el bien a una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal a una resurrección de condena (Jn 5, 29)» (Santo Tomás de Aquino, Obras catequéticas, Ed. Eunate, Pamplona 1995, p. 90-91).

sábado, 15 de abril de 2017

90 AÑOS DEL PAPA RATZINGER. PERDONA A TU PUEBLO SEÑOR


E
l aprecio y gratitud hacia la figura del Cardenal Ratzinger, luego Papa Benedicto XVI, forma parte del alma que vivifica este humilde blog. Mucho se podría decir de su persona; sin embargo, para conmemorar sus 90 años me ha parecido de justicia componer una letanía de desagravio a tan buen siervo de Dios. Me mueve a ello cierta personal convicción de que su pontificado fue una oportunidad que Dios nos regaló y que no supimos aprovechar. Por tanto, perdona a tu pueblo Señor.

Por la superficialidad reinante, que nos impidió valorar como era debido la grandeza del don que ofrecías a tu Iglesia en la persona de tu Vicario Benedicto,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por quienes acusaron a tu siervo de pesimismo, cada vez que nos mostró con verdad y realismo la profunda crisis en la que se sumergió tu Iglesia tras el Concilio,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por quienes en los momentos difíciles de su reinado huyeron cobardemente, abandonándolo al fuego enemigo y anticatólico,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por la burda hipocresía de quienes rasgaron vestiduras frente a su disposición misericordiosa y ecuménica de levantar unas penas canónicas,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por el escaso interés con que se acogió en tu Iglesia el motu proprio Summorum Pontificum, verdadero cimiento de una resurrección litúrgica,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por los que no obedecieron o tardaron años en hacerlo, cuando dispuso que los sacerdotes dijeran en la consagración lo mismo que tú dijiste en la última Cena,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por quienes criticaron su elegancia humana y sobrenatural, cuyo sentido no era otro que el deseo humilde de esconderse a sí mismo tras la figura de Pedro, a quien sucedía, y tras la tuya propia a quien representaba,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por la falsedad hipócrita de quienes acecharon cada uno de sus pasos, para sorprenderlo y mal interpretarlo, tal como lo hicieron contigo escribas y fariseos,
Perdona a tu pueblo Señor. 
Por el extraño regocijo, apenas disimulado, que algunos manifestaron ante la noticia de su renuncia, simplemente por hallarse extenuado en tu servicio, 
Perdona a tu pueblo Señor.
Por quienes no vieron con buenos ojos su constante empeño por recobrar nuestra conciencia e identidad católicas, hoy tan debilitadas,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por la mediocridad de no pocos colaboradores, que no dieron lo mejor de sí para acompañar y auxiliar el trabajo de tu Romano Pontífice, ni se esforzaron por estar a la altura de las circunstancias,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por quienes no acataron su magisterio sobre la centralidad de la verdad y el dogma para enfrentar la dictadura del relativismo que amenaza al mundo y a tu Iglesia,
Perdona a tu pueblo Señor.
Por el fastidio que siempre ocasionó al progresismo liberal, el verse obligado a reconocer que la cabeza visible de tu Iglesia era una de las inteligencias más preclaras del siglo,
Perdona a tu pueblo Señor. Y una vez alcanzado tu anhelado perdón, haz fructificar la rica herencia de tu siervo Benedicto. 

viernes, 14 de abril de 2017

TEXTOS PARA SEMANA SANTA. LA COMPASIÓN DE MARÍA


«Y
 ahora, ¿qué lengua será bastante a declarar, o qué entendimiento a comprender, oh Virgen Santa, la inmensidad de tus desolaciones? Presente a todos esos martirios, participando en todos ellos, viste con tus propios ojos aquella carne bendita y santa, que tú virginalmente concebiste, y tiernamente alimentaste y criaste, y tantas veces reclinaste en tu seno y besaste juntando labios con labios, vístela desgarrada por los azotes, perforada por las espinas, ya herida con la caña, ya injuriada con puñadas y bofetones, ya taladrada con clavos, ya pendiente del madero de la cruz, rasgada con su propio peso, expuesta a todos los escarnios y en fin amargada por la hiel y el vinagre. Viste también con los ojos de la mente aquella alma divinísima repleta de la hiel de todas las amarguras, ya sacudida de espirituales estremecimientos, ya llena de pavor, ya de tedio, ya agonizante, ya angustiada, ya turbada, ya abatida por la tristeza y el dolor, parte por el vivísimo sufrimiento del cuerpo, parte por el ardiente celo de reparar el divino honor, violado por el pecado, parte por la afectuosa conmiseración de nuestras miserias, parte por la compasión que de ti, su Madre dulcísima, tenía, cuando, desgarrado el corazón, viéndote presente, te dirigió una mirada de piedad y aquellas dulces palabras: Mujer, he ahí a tu hijo (Jn 19, 26), para consuelo de tu alma angustiada, pues sabía que te traspasaba la espada de la compasión más fuertemente que si fueras herida en tu propio cuerpo» (San Buenaventura, El árbol de la vida, en 10 Opúsculos místicos, Buenos Aires 1947, p. 145).

martes, 11 de abril de 2017

TEXTOS PARA SEMANA SANTA. JESÚS, TRAIDORAMENTE VENDIDO

San Buenaventura, conocido también con el nombre de Doctor Seráfico, fue un gran contemplativo de la pasión de Cristo. La meditación amorosa y perseverante de los dolores de Jesucristo inflamó de tal modo su corazón que mereció ser reconocido como el Doctor Seráfico, porque Serafín significa “el que arde en amor por Dios” y este santo doctor, con su vida y sus escritos, demostró vivir lleno de un amor inmenso hacia Nuestro Señor, a semejanza de la jerarquía angélica de los serafines. A continuación recojo una conmovedora reflexión suya sobre la traición de Judas, paso particularmente doloroso para Jesús, por tratarse de la traición de uno de los suyos.

Giotto, El beso de Judas. Capilla de los Scrovegni. Padua

«E
l alma que devotamente quiera considerar la pasión de Jesucristo, lo primero que se le ofrece es la perfidia del traidor. Rebosó de tanto veneno de fraude, que entregó a su Maestro y Señor; se abrasó en tales llamas de codicia, que vendió por dinero a Dios infinitamente bueno, y a vil precio la sangre preciosísima de Cristo; tan grande fue su ingratitud, que persiguió de muerte al que le había confiado todas las cosas y enaltecido a la gloria del apostolado; tan obstinada su dureza, que no pudieron apartarlo de su pérfida alevosía ni la familiaridad de la cena, ni la humildad del lavatorio, ni la suavidad de la plática. ¡Oh admirable bondad del Maestro para con el duro discípulo, del piadoso Señor con el peor de los siervos! Cierto, más le valiera no haber nacido (Mat 26, 24). Mas, con ser tan inexplicable la impiedad del traidor, lo es mucho más la mansedumbre del Cordero de Dios, dada en ejemplo a los mortales, para que el débil corazón humano, traicionado por la amistad, no diga en adelante: Si fuera un enemigo quien me afrentara, eso lo soportaría (Ps 54, 13); pero ¡he aquí al hombre en quien Jesucristo puso toda su confianza, el hombre que parecía ser uno en la voluntad con el Maestro, su íntimo y familiar, el hombre que saboreaba el pan de Cristo y que en la sagrada Cena comía con Él los regalados manjares, levantó contra Él el golpe de la iniquidad! Y sin embargo de esto, el mansísimo Cordero, sin engaño ni dolo, en la misma hora de la traición no dudó en aplicar sus labios divinos a la boca rebosante de malicia, sellándola con beso suavísimo, para dar al discípulo aleve todas las muestras de afecto, que hubieran podido ablandar la dureza del corazón más perverso».
(San Buenaventura, Diez opúsculos místicos de San Buenaventura, Ed. Pax et Bonum, Buenos Aires 1947, p. 138) 

domingo, 9 de abril de 2017

TEXTOS PARA SEMANA SANTA. PROCESIÓN Y PASIÓN

El domingo de ramos, pórtico de entrada a los misterios de la Semana Santa, nos ofrece en su liturgia dos elementos significativos: la procesión de los ramos y la lectura de la Pasión. San Bernardo nos muestra cómo se entrelazan ambos aspectos en la celebración de esta fiesta alegre y dramática al mismo tiempo. 


«N
o sin motivo la Iglesia, que tiene el espíritu de aquel Señor que es su Esposo y su Dios, presenta hoy unidas de modo nuevo y maravilloso la pasión y la procesión; siendo así que la precesión lleva consigo el aplauso; la pasión, el llanto.
En la procesión está representada la gloria de la soberana patria, y en la pasión el camino para llegar a ella. Si en la procesión te vino al pensamiento aquella gloria que esperamos y aquel gozo, grande sobremanera, que tendremos al ser arrebatados en las nubes para encontrar a Cristo en los cielos; si con todo tu deseo aspiras a ver aquel día, en que será recibido Jesucristo Nuestro Señor en la Jerusalén celestial, llevando el triunfo de la victoria, la Cabeza acompañada de todos sus miembros, aplaudiéndole no ya las populares turbas, sino las virtudes angélicas, clamando de todas partes los pueblos de uno y otro Testamento: bendito sea el que viene en el nombre del Señor (Mat 21, 9); si consideraste en la precesión, vuelvo a decir, hacia donde debes apresurar tus pasos, aprende en la pasión el camino por donde debes ir. La tribulación presente es el camino de la vida, el camino de la gloria, el camino de la ciudad que merece habitarse, el camino del reino» (San Bernardo, In dominica palmarum, sermo 1).

jueves, 6 de abril de 2017

TEXTOS PARA TIEMPOS DE PASIÓN. ACOMPAÑAR A CRISTO EN SU AGONÍA

En el capítulo 9 del Libro de la Vida, Santa Teresa narra de qué modo comenzó el Señor a despertar su alma del letargo espiritual en que se hallaba. Muchos “toques” del divino Artista para hacer de esa buena monja una de las santas más extraordinarias de la historia de la Iglesia, guardan relación con su Pasión. Recojo a continuación algunos textos de gran valor testimonial, teológico y místico de la santa de Ávila, apropiados para meditar en tiempos de pasión.

«Pues ya andaba mi alma cansada y –aunque quería– no la dejaban descansar las malas costumbres que tenía. Me acaeció que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allí a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, al mirarla, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y me arrojé junto a Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle».

«Mas esta vez de esta imagen que digo, me parece me aprovechó más, porque estaba ya muy desconfiada de mí y ponía toda mi confianza en Dios. Le dije entonces, que no me había de levantar de allí hasta que hiciese lo que le suplicaba. Creo cierto me aprovechó, porque fui mejorando mucho desde entonces».

«Tenía este modo de oración: como no podía discurrir con el entendimiento, procuraba representar a Cristo dentro de mí; y me hallaba mejor en las partes adonde le veía más solo; me parecía que, estando solo y afligido, como persona necesitada me había de admitir a mí.

De estas simplicidades tenía muchas; en especial me hallaba muy bien en la oración del Huerto; allí era mi acompañarle; pensaba en aquel sudor y aflicción que allí había tenido; si podía, deseaba limpiarle aquel tan penoso sudor; pero me acuerdo que jamás osaba determinarme a hacerlo, porque se representaban mis pecados tan graves. Me estaba allí lo más que me dejaban mis pensamientos, porque eran muchos los que me atormentaban. Muchos años, las más noches, antes que me durmiese –cuando para dormir me encomendaba a Dios– siempre pensaba un poco en este paso de la oración del Huerto, aun antes de ser monja, porque me dijeron se ganaban muchos perdones. Y tengo para mí que por aquí ganó muy mucho mi alma, porque comencé a tener oración sin saber qué era, y ya la costumbre me hacía no dejar esto, como el no dejar de santiguarme para dormir». (Santa Teresa de JesúsLibro de la Vida I, Ed. Rialp, Madrid 1982, p. 87-88).

martes, 4 de abril de 2017

TEXTOS PARA TIEMPOS DE PASIÓN. PANEGÍRICO A LA CRUZ


«Que nuestra alma, iluminada por el Espíritu de verdad, reciba con puro y libre corazón la gloria de la cruz, que irradia por cielo y tierra, y trate de penetrar interiormente lo que el Señor quiso significar cuando, hablando de la pasión cercana, dijo: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Y más adelante: Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica a tu Hijo. Y como se oyera la voz del Padre, que decía desde el cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo, dijo Jesús a los que lo rodeaban: Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.

¡Oh admirable poder de la cruz! ¡Oh inefable gloria de la pasión! En ella podemos admirar el tribunal del Señor, el juicio del mundo y el poder del Crucificado.

Atrajiste a todos hacia ti, Señor, porque la devoción de todas las naciones de la tierra puede celebrar ahora, con sacramentos eficaces y de significado claro, lo que antes sólo podía celebrarse en el templo de Jerusalén y únicamente por medio de símbolos y figuras.

Ahora, efectivamente, brilla con mayor esplendor el orden de los levitas, es mayor la grandeza de los sacerdotes, más santa la unción de los pontífices, porque tu cruz es ahora fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias: por ella, los creyentes encuentran fuerza en la debilidad, gloria en el oprobio, vida en la misma muerte. Ahora al cesar la multiplicidad de los sacrificios carnales, la sola ofrenda de tu cuerpo y sangre lleva a realidad todos los antiguos sacrificios, porque tú eres el verdadero Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo; de esta forma, en ti encuentran su plenitud todas las antiguas figuras, y así como un solo sacrificio suple todas las antiguas víctimas, así un solo reino congrega a todos los hombres».
(San León Magno, Papa, Sermón 8 sobre la pasión del Señor, 6-8: PL 54, 340-342)

domingo, 2 de abril de 2017

EL MISAL DE SAN PÍO V, CANTERA DE SANTOS


«En este encuentro cara a cara con Dios, que es la liturgia, nuestro corazón debe estar puro de toda enemistad, lo que presupone que cada persona sea respetada con su propia sensibilidad. Esto significa concretamente que, si bien debe afirmarse que el Concilio Vaticano II nunca pidió hacer tabla rasa del pasado y por lo tanto abandonar el Misal llamado de San Pío V, que produjo tantos santos, por mencionar solo tres sacerdotes tan admirables como San Juan M. Vianney, el Cura de Ars, San Pío de Pietrelcina (Padre Pío) y San Josemaría Escrivá de Balaguer, al mismo tiempo es esencial promover la renovación litúrgica pretendida por ese mismo Concilio, por lo que los libros litúrgicos se actualizaron siguiendo la Constitución Sacrosanctum Concilium, en particular el Misal conocido como misal del Beato Papa Pablo VI». (Cardenal Robert Sarah, Mensaje-Conferencia al Coloquio “Fuente del Futuro”, con motivo del 10° aniversario de la publicación del motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI)

Texto completo del mensaje traducido al inglés: catholicworldreport.com

jueves, 30 de marzo de 2017

PAPA FRANCISCO HACE GENUFLEXIÓN

«Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est»; tal como lo mandan las rúbricas para la fiesta de la Anunciación, el Papa Francisco se arrodilló, con notable esfuerzo de su parte, mientras se cantaba este artículo del Credo durante la misa en el parque de Monza, en Milán. Recogido y reverente, como quien desea abrazar a Cristo simbolizado en el altar, el Santo Padre permaneció en oración. Nunca su figura me ha parecido tan grande y majestuosa. 

sábado, 25 de marzo de 2017

MARÍA, LA PUERTA POR LA QUE EL SEÑOR ENTRÓ EN LA TIERRA


«María pertenecía a la parte del pueblo de Israel que en el tiempo de Jesús esperaba con todo su corazón la venida del Salvador, y gracias a las palabras y a los gestos que nos narra el Evangelio podemos ver cómo ella vivía realmente según las palabras de los profetas. Esperaba con gran ilusión la venida del Señor, pero no podía imaginar cómo se realizaría esa venida. Quizá esperaba una venida en la gloria. Por eso, fue tan sorprendente para ella el momento en el que el arcángel Gabriel entró en su casa y le dijo que el Señor, el Salvador, quería encarnarse en ella, de ella, quería realizar su venida a través de ella. Podemos imaginar la conmoción de la Virgen. María, con un gran acto de fe y de obediencia, dijo “sí”: “He aquí la esclava del Señor”. Así se convirtió en “morada” del Señor, en verdadero “templo” en el mundo y en “puerta” por la que el Señor entró en la tierra. (Benedicto XVI, Homilía 26-XI-2005)

Fuente: vatican.va

jueves, 23 de marzo de 2017

REMORDIMIENTOS POSTCONCILIARES

En el libro Benedicto XVI. Últimas conversaciones, Peter Seewald hace notar a su entrevistado cómo su optimismo inicial por los resultados del Concilio devino muy prontamente en escepticismo y desencanto. Recuerda una frase dicha por él en una clase en Tubinga durante el año 1967, donde advierte que la fe cristiana se encuentra envuelta «por una niebla de incertidumbre… como en pocas ocasiones anteriores en la historia».
Era inevitable que al caos doctrinal, litúrgico y disciplinar que siguió al Concilio no dejara de tocar la conciencia de quienes habían jugado un papel protagónico en las reformas conciliares. Por lo mismo, el confidente del Papa emérito le pregunta derechamente:

«Como participante en todo ello, como corresponsable, ¿no siente uno remordimientos»?

«Uno sí que se pregunta si lo ha hecho bien. En especial cuando el conjunto se salió de quicio en tan gran medida, esa fue una pregunta que ciertamente me planteaba. El cardenal Frings sintió después remordimientos muy intensos. Pero yo siempre tuve la conciencia de que cuanto de hecho habíamos dicho y conseguido sacar adelante era correcto y además debía de acaecer. En sí, actuamos correctamente, aunque sin duda no previmos bien las consecuencias políticas y las repercusiones fácticas. Se pensó en exceso en lo teológico y no se reflexionó sobre la repercusión que tendrían esas decisiones» (Benedicto XVI, Últimas Conversaciones, Ed. Mensajero, Bilbao 2016, p. 181).
Me gusta la sencillez y transparencia de la respuesta de Benedicto XVI. Y recojo esta simple lección: escarmentemos en cabeza ajena; no sea que por falta de reflexión y previsión muchos monseñores, en el atardecer de sus vidas, se vean atormentados por la angustia de fuertes remordimientos postsinodales.

domingo, 19 de marzo de 2017

SAN JOSÉ, GUARDIÁN DE LOS TESOROS DE DIOS

 Gaspar Miguel de Berrio, El Patrocinio de San José (1737)
Museo Nacional de Bellas Artes
Santiago de Chile

«Así como Dios estableció al Patriarca José, hijo de Jacob, gobernador de todo Egipto para asegurar al pueblo el trigo que necesitaba para vivir, así también, cuando se cumplieron los tiempos en que el Eterno decidió enviar a la tierra a su Hijo único para rescatar el mundo, escogió otro José, del cual era figura el primero, estableciéndole señor y príncipe de su casa y de sus bienes y constituyéndole guardián de sus más preciosos tesoros» (Beato Pío IX, Decreto Quemadmodum Deus (1870), por el que proclama a San José Patrono de la Iglesia Universal).

jueves, 16 de marzo de 2017

RESPUESTA AL RELATIVISMO DEL PADRE SOSA (II)

Jesús (non) dixit: el jesuita que ofende a Cristo (II)
por Antonio Livi (24-02-2017)

(Continuación de la entrada anterior)

Nosotros, católicos, sabemos que tenemos que leer el Antiguo y el Nuevo Testamento a la luz de la doctrina de la Iglesia, porque pertenece a ella darnos la Sagrada Escritura, garantizando su inspiración divina; y es ella la que nos proporciona la interpretación auténtica, cada vez que sea necesaria una interpretación con el fin de hacer comprensible el mensaje de salvación a los hombres de un determinado contexto histórico–cultural.

Nosotros, católicos, a diferencia de Lutero y de todos aquellos protestantes que han seguido su metodología teológica (radicalmente herética), no nos basamos en el ilógico principio de la “Sola Scriptura” y del “libre examen”; tampoco vemos ningún motivo lógico para oponer la Biblia al Magisterio y el Magisterio a la Biblia. Nosotros, católicos, tenemos razones para creer, más allá de toda duda razonable, a la autoridad doctrinal de la Iglesia que nos ha dado las Sagradas Escrituras, asegurándonos de que es verdaderamente la “palabra de Dios”, en cuanto que es Dios mismo el autor principal y los hagiógrafos, que han escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, los autores secundarios o instrumentales.

Esto significa, contra el relativismo profesado por el padre Sosa, que lo que se lee en la Sagrada Escritura es absolutamente cierto, es la verdad de los misterios sobrenaturales que Dios nos ha revelado gradualmente: primero a través de los profetas, y luego de modo definitivo en la misma persona de Dios Hijo. Siempre debe tenerse en cuenta que los textos de la Escritura, por el hecho de contener la revelación de los misterios sobrenaturales, de suyo inefables, proporcionan a los creyentes el suficiente conocimiento (analógico) de lo divino que les permite encontrar en Cristo “el camino, la verdad y la vida”.

Por su esencial finalidad salvífica los textos de la Escritura no están “abiertos” a cualquier tipo de interpretación, tampoco en contradicción con su significado textual, que por lo general es claro e inequívoco (el mismo significado claro e inequívoco que tienen las fórmulas dogmáticas que a lo largo de los siglos la Iglesia ha ido definiendo). No es verdadero lo que sostenía hace algunos decenios el protestante suizo Karl Jaspers, de que “en la Biblia, del punto de vista doctrinal, se puedo encontrar todo y lo contrario de todo”.

Cuando sucede que el significado textual de un pasaje bíblico es susceptible de diversas interpretaciones, es la misma Iglesia la llamada a proporcionar una interpretación “auténtica”, esto es, conforme al entero conjunto orgánico de la doctrina revelada (analogia fidei). En caso de que la Iglesia no haya intervenido para ofrecer una interpretación “auténtica”, los teólogos tienen libertad para proponer sus propias hipótesis interpretativas, todas legítimas siempre que sean compatibles con el dogma.

El general de los Jesuitas se refiere de manera irresponsable a perícopas evangélicas, en las que está textualmente contenida la doctrina revelada sobre el matrimonio, diciendo que se trata de palabras de hombres (los hagiógrafos), transmitidas por otros hombres (los Apóstoles y sus sucesores) e interpretadas aún por otros hombres (los teólogos). En resumen, para él ¡nunca es la Palabra de Dios! De un solo golpe el padre Sosa logra negar todos los dogmas fundamentales de la Iglesia católica, comenzando por el de la inspiración divina de la Escritura, de donde procede la propiedad de la “santidad” y de la “inerrancia” de las enseñanzas bíblicas (vuelto a mencionar por Pío XII en 1943, en la encíclica Divino afflante Spiritu y luego propuesto otra vez por el Vaticano II en 1965, en la constitución dogmática Dei Verbum), para terminar con el de la infalibilidad del magisterio cuando define formalmente la verdad que Dios ha revelado para la salvación de los hombres (definido en 1870 por el Vaticano I con la constitución dogmática Pastor Aeternus y vuelto a proponer por el Vaticano II en la constitución dogmática Lumen gentium y Dei Verbum).

Al reducir la Escritura a “expresión de la conciencia de la comunidad creyente de tiempos pasados”," al padre Sosa le parece lógico sostener la necesidad de una nueva interpretación del mensaje bíblico a la luz de la “expresión de la conciencia de la comunidad creyente” de hoy. Pero esto es lógico sólo si se profesa la “anarquía hermenéutica”, que ha llevado a un teólogo luterano como Rudolf Bultmann a proponer la “des-mitologización” del Nuevo Testamento. En cambio, para la fe católica (que, mientras no se demuestre lo contrario, debería ser la del general de los Jesuitas), es totalmente ilógico suponer que la Escritura no enseña siempre y principalmente la verdad divina indispensable para la salvación de los hombres de todo lugar y de todo tiempo. Solo quien acepta in toto la herejía luterana puede suponer que no existe lo que yo llamo el “límite hermenéutico infranqueable”, es decir, la individuación (inmediata, accesible a todos) de un contenido doctrinal específico, que ninguna interpretación puede negar o poner en la sombra. Este es el caso, precisamente, de la doctrina evangélica sobre el matrimonio y el adulterio.

Entiendo (aunque la lamento) la intención del Padre Sosa de apoyar la (supuesta) revolución pastoral del Papa Bergoglio para relativizar el dogma, y así poder contradecir en la práctica cuánto la Iglesia ya ha establecido definitivamente con la doctrina acerca de los sacramentos del Matrimonio, de la Penitencia y de la Eucaristía. Pero razonemos: eliminando el dogma, ¿en base a qué se debería escuchar a un Papa, que –según la interpretación oficiosa de Sosa y de muchos otros teólogos obsequiosos– ha puesto el dogma a un costado?

Si no es absolutamente (y no relativamente) verdadero –hoy, como lo fue ayer y lo será mañana– que Cristo ha dado al Papa la suprema potestad en la Iglesia, ¿por qué motivo deberíamos escucharlo y obedecerle? Nosotros sabemos como perteneciente a la Sagrada Escritura (sobre la que se basan los dogmas enunciados por el Magisterio, desde los primeros siglos hasta el Vaticano I) que Cristo ha dado al Papa la suprema potestad en la Iglesia. Ahora bien, si se aplicase a esta voluntad expresa de Cristo el criterio relativista de Sosa, entonces habría católicos que venerarían y respetarían al Papa y otros que lo ignorarían o combatirían. Unos y otros actuarían por motivos no teológicos, sino ideológicos, es decir, políticos. Fieles al Papa Bergoglio serían solamente aquellos que lo siguen, como se sigue en política a un líder “carismático”, pero ya no se trataría por cierto del carisma divino de la infalibilidad en la doctrina, sino del carisma humano del cabecilla que por medio de sus palabras y gestos consigue el consenso de las masas.

martes, 14 de marzo de 2017

RESPUESTA AL RELATIVISMO DEL PADRE SOSA (I)


La ligereza de ciertas opiniones del actual general de los Jesuitas, padre Arturo Sosa, vertidas en una entrevista a la página de información eclesial rossoporpora ha suscitado, como era de prever, no pocas reacciones críticas. Presentamos aquí (en dos entradas), la traducción española -realizada por la redacción- de un contundente artículo del padre Antonio Livi, prestigioso filósofo italiano, en el que sale al paso de algunas ambiguas y hasta escandalosas afirmaciones del actual general de la Compañía.

Jesús (non) dixit: el jesuita que ofende a Cristo
por Antonio Livi (24-02-2017)

La entrevista al general de los jesuitas padre Arturo Sosa, para quien las palabras de Jesús deberían ser contextualizadas porque los evangelistas no llevaban consigo una grabadora, por su absoluta incoherencia lógica, no merecería ningún comentario teológico, sino más bien una risotada. Sin embargo, tratándose de una intervención del actual general de los Jesuitas en el debate sobre la interpretación de un documento pontificio tan problemático como Amoris laetitia, se hace necesario, por la responsabilidad pastoral respecto a los fieles a los que la entrevista ha llegado por los medios de comunicación internacionales, una llamada aclaratoria sobre la correcta relación del Magisterio y/o de la sagrada teología con la verdad revelada, aquella por la que Dios “ha querido hacernos conocer su vida íntima y sus designios de salvación para el mundo” (Vaticano I, constitución dogmática Dei Filius, 1870).

Los fieles católicos (tanto pastores como fieles) saben que la verdad que Dios ha revelado a los hombres hablando por medio de los Profetas del Antiguo Testamento y luego mediante su propio Hijo, Jesús (cf. Hebreos, 1, 1), es custodiada, interpretada y anunciada infaliblemente por la Apóstoles, a los que Cristo confirió el poder del magisterio auténtico de la evangelización y la catequesis. Cristo dijo a los Apóstoles: “Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza. Y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado” (Lucas, 10, 16). El valor de verdad de la doctrina de los Apóstoles y de sus sucesores (los obispos encabezados por el Papa) depende, por tanto, enteramente del valor de verdad de la doctrina de Cristo mismo, el único que conoce el misterio del Padre: “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me ha enviado” (Juan, 7, 16). El Padre Sosa, prisionero como es de la ideología irracionalista (pastoralismo, praxisismo, historicismo) es alérgico a la palabra “doctrina”, pero no se da cuenta de que con esta necia polémica ofende no solo a la Iglesia de Cristo, sino a Cristo mismo.

Tan esencial es la potestad de magisterio (munus docendi), que Cristo la ha conferido a los Apóstoles juntamente con el poder de administrar los sacramentos de la gracia (munus sanctificandi), por el que los hombres pueden ser santificados, es decir, unidos ontológicamente (no sólo moralmente) a Cristo, y en Él, en la unidad del Espíritu, a Dios que es el único verdaderamente Santo. En efecto, Jesús dice a los Apóstoles: "Id y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo, 28, 20).

Y para proveer a las necesidades espirituales de los fieles, con la constitución jerárquica de la Iglesia, Cristo también ha conferido a los Apóstoles la misión pastoral (munus regendi). Se entiende entonces que no se pueda pensar en reformas “pastorales” de la Iglesia, en contraste con la doctrina dogmática y moral –como querría el padre Sosa– con la excusa de supuestas inspiraciones de un fantasmal “Espíritu”, que ciertamente no es el Espíritu de Jesús (Aquel que “ex Patre Filioque procedit”), ya que contradice derechamente su doctrina y sus mandamientos, incluso allí donde Jesús ha hablado de modo definitivo e inequívoco, como es el caso del matrimonio natural, que es indisoluble porque Dios así lo ha instituido “desde el principio”.

No sirve de nada –y mucho menos a la edificación de la fe de los católicos de hoy–  sostener con argumentos pseudo-teológicos, es decir, con la propaganda revolucionaria, las reformas doctrinales de una imaginaria “Iglesia de Bergoglio”; los fieles saben muy bien que la “Iglesia de Bergoglio” no existe y que no puede existir, porque Dios ha querido únicamente la Iglesia de su Hijo, la Iglesia de Cristo, Verbo encarnado y Cabeza del Cuerpo Místico, siempre presente para ser el único Maestro, Sacerdote y Rey para toda generación, hasta el fin de los tiempos (véase el clásico tratado teológico del cardenal Charles Journet, L’Eglise du Verbe Incarné, Desclée, París-Brujas 1962, y el reciente ensayo del Prefecto de la Congregación de la Fe, el cardenal Gerhrard Ludwig Müller, titulado Der papst - Sendung und Auftrag, Herder Verlag, Frankfurt 2017).

No sirve de nada hablar de una “Iglesia del pueblo”, imaginada según los esquemas ideológicos de una pretendida “teología del pueblo” sudamericana, donde está la “base”, “concientizada” por los intelectuales de planta (los teólogos), que decide qué doctrina y qué praxis responden a las necesidades políticas de un momento histórico y donde el Papa ya no es más el intérprete infalible de la verdad revelada y el administrador de los misterios salvíficos, sino el intérprete de la voluntad popular y el administrador de la revolución permanente. Son las aberraciones pseudo-teológicas que se encuentran ya en la Teología de la revolución del peruano Gustavo Gutiérrez y que toman su origen de la “nueva teología política” del alemán Johann Baptist Metz. El venezolano padre Sosa, siempre vinculado a esta corriente ideológica, vuelve a proponer hoy, en su intento de apoyar servilmente las supuestas intenciones revolucionarias del Papa Bergoglio, teorías que hace ya cuarenta años, bajo el Papa Wojtyla, han sido condenadas por el Magisterio como contrarias al dogma eclesiológico.

Tampoco sirve la coartada pseudo-teológica de una nueva y “aggiornata” interpretación de la Escritura, capaz de llegar a contradecir las “ipsissima verba Christi” y después capaz de descalificar como “fundamentalistas” a quienes en la Iglesia (no sólo los teólogos como Carlo Caffara sino incluso a Papas como San Juan Pablo II) se atienen al significado obvio y vinculante de las enseñanzas bíblicas. Estos sofismas pueden hacer presa en la opinión pública católica menos equipada con criterios de discernimiento; sin embargo hace ya tiempo que han sido desmontados y refutados punto por punto por los recientes documentos del Magisterio y de la crítica teológica (ver mi tratado sobre la verdadera y la falsa teología, Leonardo da Vinci, Roma 2012).