jueves, 8 de junio de 2017

DEPRESIÓN DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

Resumo un breve y simpático artículo del padre Robert P. Imbelli, sacerdote de la Arquidiócesis de Nueva York, aparecido en First Things, el pasado 6 de Junio.

Father Imbelli cuenta que luego de celebrar con tanta solemnidad la gloriosa fiesta de Pentecostés –«con música e incienso»–, al día siguiente su Breviario lo arroja de sopetón a «la novena semana del Tiempo Ordinario».
«Inmediatamente –comenta– me vino a la memoria la historia narrada por Peter Hebblethwaite en su biografía de Pablo VI. El lunes después de Pentecostés de 1970, el Papa, disponiéndose para celebrar la misa, quedó sorprendido al ver que se habían puesto ornamentos verdes. Perplejo, preguntó: ¿Dónde están los ornamentos rojos de la Octava de Pentecostés? Quedó consternado al saber que la Octava de Pentecostés había sido abolida pasando por alto su autoridad».
Father Imbelli sugiere que la restauración de esta Octava bien podría ser un modesto comienzo para la Reforma de la Reforma: nos permitiría disfrutar y digerir «lente ac suaviter», lenta y suavemente, la riqueza de esta festividad. En efecto, necesitamos más tiempo festivo para expresar nuestro gozo por la venida del Espíritu Santo.
Mientras esperamos ese día bendito, Father Imbelli nos sugiere un antídoto para evitar la depresión por un término tan abrupto del tiempo pascual: «las sublimes cantatas de Pentecostés de Johann Sebastian Bach. Hay cuatro para Pentecostés o Domingo de Pentecostés, tres para el lunes de Pentecostés y dos para el martes de Pentecostés.
John Eliot Gardiner ha grabado todas las cantatas de Bach para el año litúrgico en una serie de espléndidos álbumes con el sello de Soli Deo Gloria. No sólo son excelentes las actuaciones, sino que cada álbum contiene los propios comentarios de Gardiner sobre las cantatas. Estos comentarios no son solo musicalmente informativos, sino teológicamente profundos».

Agradezco a Don Roberto el buen humor de su artículo y la espléndida recomendación musical que nos hace. También existe la posibilidad de acudir durante esa semana a la forma extraordinaria del rito Romano: allí se encontrará intacta la octava de Pentecostés con toda su riqueza litúrgica. Por estos caminos podremos encontrar «justo lo que necesitamos para contrarrestar la monotonía del ‘Tiempo Ordinario’».

Texto original: firstthings

1 comentario:

  1. Cómo nos interpreta el artículo.

    Al respecto, pienso que más efectivo al propósito referido, si bien menos fácil, sería derechamente fomentar entre los sacerdotes la celebración del Santo Sacrificio según el Misal de san Juan XXIII durante los 8 días siguientes al domingo de Pentecostés.

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